ACULATADO

(CONCLUSION)

 

Hola, amigos piperos y demás listeros;

Me atrevo a dejar por escrito una personal conclusión a manera de hipótesis y dedicada a algún otro neófito interesado en profundizar acerca del tema, porque en lo que a mi respecta, ha sido mas que suficiente, me doy por enterado y punto.

ACULOTADO, UN AÑEJO CONCEPTO.

Que sabroso es lo sabroso, me gusta el tabaco y que le voy a hacer. Aparte del sabor propio de la extensa y variada gama de tabacos ya sean puros o mezclados con aditivos, de su presentación o corte, del tipo y forma de las pipas o el material utilizado para su confección y la procedencia de las mismas, parte del disfrute en mis ratos de abstracción pipera, alguna vez consiste en reflexionar sobre los mitos o realidades acerca de las técnicas utilizadas por los experimentados fumadores de pipa.

Pues bien, hoy y después de haberme empecinado un tiempo en indagar acerca del tema del aculotado decidí concluir al respecto y dejar que fluya información que posiblemente modificará mi criterio posteriormente a las réplicas de los puristas. –Me encanta debatir-.

La idea de estudiar algo sobre el tema, surgió de los problemas inherentes a mis fumadas. Habida cuenta de que la experiencia es la mejor consejera, pues me dio por escuchar consejos y asimilar recomendaciones con la intención de llevarlos a la práctica y así lo hice. Quise aculotar formalmente mis pipas.


Comencé removiendo las cenizas de mi pipa con la cucharilla, para vaciarlas en el cenicero al terminar la fumada, pero nada más.
Únicamente limpiaba la boquilla y el caño después de enfriarse, pero la cazoleta ni la tocaba, dejándola llena de hollín -según yo y mi mala interpretación de consejos y lecturas al respecto- para que mis pipas se aculotaran como dictan los canones.

Hoy tengo la certeza de que mis conceptos estaban más torcidos que una full bent.

Al nunca limpiar una cazoleta, se forma rápidamente una cáscara de residuos que simula y de hecho, se confunde con el verdadero aculotado. Este falso aculotado deja zonas blandas y porosas que retienen humedad, propiciando fermentación, consecuentemente mal sabor y olor. Incluso se desprenden pequeñas porciones de esa cáscara con el frecuente uso del atacador y el interior de la cazoleta queda en estado más repulsivo que lamentable.
No estoy facultado, pero a falta de sinodal y legislación al respecto, me adhiero a la ley de usos y costumbres atreviéndome a dar mi sugerencia, que la responsabilidad de hacer uso de ella sea de valientes y temerarios.

Limpiar brevemente (uno, dos, tres segundos) con una servilleta de papel elimina de manera práctica y casi en su totalidad los residuos de la fumada, sin embargo no remueve una pequeña cantidad de la humedad generada y esta al secarse termina por adherir firmemente minúsculas partículas de hollín a las fibras superficialmente carbonizadas de la pared de la cazoleta. Con el habitual uso, al paso del tiempo la quema de la madera disminuye, aunque no se detiene y progresivamente va aumentando el grosor de una capa, digamos de carbón duro que se considera como un verdadero aculotado. Cabe mencionar que dicha capa es tan dura que se resiste a ser removida hasta por el método de sal con alcohol y únicamente es posible reducir su grosor mediante un escariador.

-¡Ahora si!-

Después de mucha paciencia habremos logrado entrar a las grandes ligas de los pipafumadores con una pipa en toda la extensión de la palabra y no presumiendo una cazoleta embarrada de chapopote blando y maloliente.

Pero ahí no para la cosa… una pequeña capa de carbón duro y reluciente, no es suficiente en si misma para proteger al brezo de la alta temperatura que genera la combustión. Prueba de esto es que al fumar rápidamente, nuestra pipa se calienta al grado de incomodar levemente la mano que la sostiene.

¿Entonces…?
¿Dónde quedó la tan sostenida tesis del aculotado como capa aislante al calor?

Repetidamente, durante nuestras charlas se menciona alegremente y sin fundamentos la necesidad de aislar el calor entre brasa y cazoleta mediante el famoso aculotado “natural” que a fin de cuentas, de haberse logrado ante la premisa de una formación óptima, si ayuda a disminuir la transferencia calorífica, pero de manera casi imperceptible por la mano. (Quizás en los accesorios del porta pipas debiéramos incluir un termómetro láser.)

Toda pipa, aunque se limpie después de fumar, inevitablemente va cambiando su estructura como consecuencia de la “micro” quema gradual y decreciente de las fibras superficiales de la madera. Es una consecuencia lógica basada en los principios de la física (Ejemplo, acción - reacción) pero para que nadie se ofenda ante mi personal opinión sobre éste tan añejo y venerado concepto y continuar con el idilio, propongo la siguiente frase en adición a la definición de aculotado;

ACULOTADO DE PIPA: Mágica evolución lograda, con cada bocanada.

Es un hecho irrefutable que “curar” una pipa –y va implícito el aculotado-
es toda una especialidad individual conferida por cada persona de manera intima. No hay límite de tiempo ni de técnica utilizada. Cada instrumento o pipa pasara a ser una extensión del Pipafumador y así como hoy adoptamos consejos de los amigos, mañana sin darnos cuenta, nos habremos envuelto en nuestra propia mística.

Saludos,
Chuck.

P.D. Ahora, les invito a desmenuzar la siguiente parte. Es respecto del aculotado y su ingerencia con el deguste de cada tipo de tabaco. (Pero eso es… Otra historia)

Para comenzar el tema, diré que los jugos generados durante la combustión penetran en la pared de madera, humedeciéndola y modificando consecuentemente sus características naturales en conjunción con el calor.

Aquí cabe mencionar que la madera, sea cual sea la utilizada en la confección de nuestra pipa, solamente adicionara su personalidad combinada al tabaco de nuestra preferencia durante las primeras fumadas así que el bouquet amaderado que tanto degustamos o aborrecimos al principio, inevitablemente desaparecerá nos guste o nos disguste… Continuara…